Un ex recluso federal recordó perversos detalles de la violenta requisa que sufrió

Viernes 20 de septiembre de 2019
Cristian Valdez

Por Cristian Valdez fojacero@elterritorio.com.ar

“Nos mandaron a poner a todos en el fondo del pabellón, contra la pared. Nos pegaron, desnudaron y así nos hicieron abrir el libro. Eso significa abrir las nalgas para ellos”. 
La declaración le pertenece a Gregorio Verón (39), uno de los seis ex internos de la Unidad Federal 17 de Candelaria que hace casi 12 años denunciaron haber sufrido apremios y vejaciones en manos de los penitenciarios José Luis Acosta (42), Ricardo Antonio Figueredo (39) y Víctor Javier Romero (40).
De espaldas a los acusados y prácticamente sin cruzar miradas con ellos, el testigo recordó ante los jueces Manuel Alberto Jesús Moreira, Norma Lampugnani y el subrogante Víctor Alonso (de Corrientes) parte de lo que sufrió esa mañana que se hizo la requisa en los pabellones del complejo carcelario misionero. 
Por el paso del tiempo pero sobre todo debido a algunas contradicciones en su relato, los magistrados decidieron incorporar por lectura la declaración completa que hizo en los días posteriores a los episodios investigados. Lo que se describió en un pormenorizado relato silenció por completo la sala de debates.

La requisa, según Verón
“Era lunes. Estaba en el pabellón D (de procesados) aunque estaba condenado. A eso de las 8.10 entraron los de la requisa, nos mandaron a poner a todos contra el fondo, contra la pared. Empezaron a requisar los otros pabellones y escuchaba los gritos de cómo le pegaban con las manos a los muchachos. Por último entraron al que estábamos nosotros contra la pared, manos en la espalda y mirando el piso. Al primero que llamaron fue a (Ismael) Duré -otro de los denunciantes- y escuché que le pegaron pero no pude ver nada porque estábamos al fondo y ellos (por los penitenciarios) estaban en la entrada del pabellón. Escuché ruidos de los golpes que se escuchaban perfectamente”, declaró el hombre que actualmente sigue privado de la libertad aunque en la UPIII de Eldorado. 
Dijo que los penitenciarios iban haciendo la requisa de forma individual -en relación a los internos- y en ese marco quedó “medio por último con otros dos, Fleitas y un paraguayo que era rengo. Me agarró González, no recuerdo el nombre, pero me agarró del cuello, me torció las manos para atrás, la cara contra el piso y me llevó al último pasillo contra las camas y ahí me empezaron a pegar González, Acosta, Figueredo y Romero. Me pegaron golpes con la mano abierta en la espalda y con el puño cerrado en el estómago. Me mandaron a sacar toda la ropa y mientras me sacaba me seguían pegando. Me mandaron a abrir la boca, mostrar la planta de los pies y abrir el culo (sic). Me hicieron agachar y miraron. Lo único que me preguntaron mientras me revisaban y me pegaban era ‘¿tenés algún problema con la requisa?’. Esos eran Romero y Figueredo. Después me visto y el oficial Romero me da un golpe en el estómago con puño cerrado. Lo he visto bien porque estaba con guantes, esos de enfermería. De ahí mandaron al salón de visitas con las manos atrás y la cabeza gacha”.

Bolsita en la cabeza
“Después de dos horas de estar ahí entró Acosta, me sacó de nuevo y me llevó afuera del salón de visitas, contra la pared. Llegó Romero y empieza a patearme los tobillos para hacerme abrir las piernas hasta lo último. Cuando casi me caigo el jefe de Seguridad Interna (Rafael Fabián) Soria -declaró el miércoles negando las agresiones- dijo ‘cuantas veces les dije a ustedes que a estos hay que ponerle una bolsita en la cabeza y largarle al río, total se quiso escapar nomas’. Después de la requisa se calmaron un poco”, refirió.
Verón explicó que dos días después (miércoles), cuando se disponía a trabajar en la unidad “me agarraron Figueredo y Acosta, me llevaron a la sala de audiencias del fondo y me obligaron a desvestirme todo de nuevo. Me hicieron abrir de cantos. Figueredo me preguntó si tenía alguna queja contra la requisa y les dije que si, entonces dijeron que me queje y le respondí que me iba a quejar en el juzgado, no con él. Justo en eso llegó Romero y dijo que si seguía tocando pito con el procurador iba a mandarme donde quería porque tenía contactos en todos lados y mi vida valía una tableta de pastillas, que él no se iba a ensuciar las manos por mí”.
“No sé por qué se agarraron conmigo pero me pegaron mucho y a otros compañeros. Los pabellones quedaron desordenados. Rompieron todo. Fotos, cartas familiares. Por eso después de acomodar nos juntamos y decidimos denunciar. Un compañero -Isaque Madureira Pacheco- llamó a (Jorge) Ávila -ex delegado de procuración- que esa misma tarde vino pero igual me trasladaron a otra provincia por culpa de eso”, continuó. 
El testigo negó haber tenido una relación cercana con el funcionario y aseguró que tampoco escuchó que éste haya hecho ofrecimientos de beneficios especiales a los internos a cambio de que hagan disturbios y denuncias contra el personal penitenciario, tal como denunció Soria frente a los jueces. 

“Cumplíamos nuestra función pero para ellos éramos los malos”

Jorge Ávila, ex delegado en Misiones de la Procuración Penitenciaria.
Después de ser acusado por el ex jefe penitenciario, Rafael Fabián Soria, de haber incitado a los internos a realizar una denuncia colectiva por apremios y vejaciones a cambio de algunos beneficios, el ex delegado en Misiones de la Procuración Penitenciaria, Jorge Ávila, declaró ante los jueces federales.
El testigo -propuesto por los fiscales Vivian Barbosa y Ricardo Di Loreto- explicó que su función era verificar las condiciones de los detenidos por lo que desde que asumió, cotidianamente concurría a los lugares de detenciones provinciales y federales. “Concurríamos en base a llamados de los internos. En principio había cierto grado de rechazo de las autoridades penitenciarias pero buscábamos hacerlo de la mejor manera porque no había animosidad hacia el personal penitenciario. Buscábamos verificar y controlar que las condiciones sean óptimas”, explicó. 
Dijo que horas después la requisa asistió a la cárcel por llamado de un interno y que al llegar sintió un clima hostil. “Los internos estaban en el patio, me empezaron a mostrar lesiones que tenían por eso saqué algunas fotos con mi teléfono celular. Eso molestó, querían evitarlo, pero los internos querían denunciar por eso elaboré el informe que fue elevado a mi superioridad”.
En relación a los dichos de Soria, negó tener relación con internos o haber prometido beneficios para que denuncien. “Cumplíamos nuestra función pero para ellos (penitenciarios) éramos los malos”. 

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