“Todos tenemos una vida útil”

Viernes 20 de septiembre de 2019
Entrevistado por Mariana Mactas en México, Brad Pitt habló no sólo de su presente como actor sino de su trabajo como consolidado productor. 
En Ad Astra, la segunda película importante que presenta en un mismo año, después de Había una vez en Hollywood, Pitt es el astronauta Roy McBride. Y aunque está rodeado de un elenco fantástico (Liv Tyler, Tommy Lee Jones, Donald Sutherland), parece un gran one man show, concebido para su lucimiento. 

¿Te atrajo de este proyecto, el desafío de sostener un relato?
No, para nada, al contrario. Prefiero trabajar en equipo, es más relajado y tranquilo. Pero ciertamente, esto está muy focalizado en un individuo que ha llegado a un punto en su vida en el que su reserva, su ego, su mundo interior ha dejado de funcionar. Y ese momento de crisis coincide con la noticia de que su padre, que se presume desaparecido desde hace 20 años, quizá no lo esté. Eso dispara muchos interrogantes y lo enfrenta, lo obliga a enfrentar muchos dolores indelebles, grandes fracasos de su vida que de pronto resucitan y frente a los que va a tener que hacer algo. Este tipo de proceso, para una película así, es más doloroso. Pero que así sea: es a lo que nos dedicamos. 

¿El género, la ciencia ficción, te intresesaba?
Sí. Además, en ciencia ficción se ha hecho tanto, y tan bien, que da respeto meterse ahí. Este es un viaje interior. El de un tipo que está viajando a los límites del sistema solar, a Neptuno, para llegar al corazón de las cosas, de sus cosas. Creo que es algo muy bello y muy poético. 
Claro que, cuando miro este póster (Pitt vestido de astronauta) me da bastante risa. Pero esta película tenía que ver con el espacio profundo, sin límite, con la idea de abismo. Y sobre cuán aislada se puede sentir una persona en ese entorno. Lo cual, también, es una metáfora de cómo nos sentimos muchas veces, muchos de nosotros, en nuestras vidas. 
Ganador de un Oscar como productor de Doce años de esclavitud, Pitt y sus socios quieren seguir trabajando en la producción de lo que les gusta: “Invertimos en historias y en contadores de historias originales”, dice. “Llevamos más de quince años en esto y estoy muy orgulloso de las cosas que hicimos”. 
“Me metí en la producción en los primeros dos mil, un tiempo en el que empezamos a ver un cambio: Los estudios estaban haciendo grandes superproducciones, películas de acción, de las que se sentían seguros para recuperar el dinero. O bien había filmes más pequeños, independientes, que venían de los 90. Ese espacio en el medio, entre unas cosas y otras, estaba vacío. Nadie estaba haciendo películas de narrativas complejas, arriesgadas, y nos pusimos a trabajar para empujar esos filmes hacia arriba. Y en ese proceso fue tomando forma, no hubo un diseño previo. Ahora estamos en un tiempo interesante también: amo los servicios de streaming, que permiten que tanta más gente tenga una oportunidad. Pero a la vez, el riesgo es lo desechable, entrar en una cultura del desecho, en la que nos comemos todo y dejamos los restos. ¿Qué queda?, ¿qué tiene resonancia todavía?, ¿y qué significa esa experiencia comunitaria, la de ir a una sala de cine?”

Esto no es un “en contra de las series...
Para nada, me encantan las series, pasar tanto tiempo con unos personajes es fantástico. Pero no todas las historias funcionan en ese formato. Esta de Ad Astra, por ejemplo, no funcionaría. 
Con el paso del tiempo y de que te ofrecen cada vez menos roles. 
Bueno, es una pregunta para todos, ¿no? Todos tenemos una vida útil en lo que hacemos. Un día, el reloj termina, y entonces, ¿cómo le damos valor a nuestra vida?, ¿ cómo sacamos lo mejor de cada día, le damos lo mejor a los que queremos. Cómo encontramos nuestro propio valor, en definitiva. Así podemos saber cuándo nuestro momento pasó y aceptarlo, en lugar de ponernos a gritar y a patalear. 

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