Más que un club, una escuela de valores

Sábado 20 de julio de 2019 | 01:00hs.
Santino Miño, Santino Martínez, Juan Meyer y Francisco Aguirre visitaron los estudios de Radioactiva. | Foto: Facundo Correa
Facundo Alzaga

Por Facundo Alzaga deportes@elterritorio.com.ar

En sus cortos seis años de existencia, el club Andrés Guacurarí se convirtió en una verdadera escuela de valores. Con el fútbol con herramienta, esta entidad posadeña que nació en marzo de 2013 como una idea de Juan Ramón ‘Cepi’ Núñez Silveira lleva adelante una tarea muy importante que es formar a los niños para que el día de mañana puedan transitar de la mejor manera el camino de la vida. 
Todo comenzó con algunas pocas categorías infantiles, pero con el correr de los años el club fue creciendo a pasos agigantados y así lo explicó su fundador en diálogo con el programa Más en radio, al cual acudió acompañado por Santino Miño, Francisco Aguirre, Santino Martínez y Juan Andrés Meyer, cuatro jugadores de la categoría 2009 que este año participaron del Mundialito de fútbol en la ciudad brasileña de Porto Alegre.  
“Desde nuestra fundación, llevamos seis años que fueron muy vertiginosos. Arrancamos con algunas categorías infantiles y todo se fue ampliando. Hoy tenemos nueve categorías entre infantiles, reserva y Primera. Crecimos muchos con el transcurso de los años, tuvimos la oportunidad de viajar con los chicos dentro y fuera del país. Ellos hicieron historia y estoy muy orgulloso”, comenzó su relato Cepi Núñez. 

Homenaje al prócer
“Hace 26 años que estoy en el fútbol y tuve la posibilidad de trabajar en muchos clubes. Cuando salí de Crucero del Norte, en el cual estuve ocho años, tenía la ilusión de formar mi propio club y así nace Andrés Guacurarí. El nombre lo pusimos por nuestro prócer misionero, que nos destaca a nosotros como misioneros y nuestra sangre guaraní. Somos aguerridos y no nos entregamos nunca por eso le pusimos ese nombre”, explicó Núñez, quien luego profundizó acerca de cuál es el objetivo que persiguen desde este joven club posadeño. 
“Hacemos hincapié en la conducta de los chicos dentro y fuera de la cancha. Controlamos que les vaya bien en los estudios. Todos los trimestres nos traen sus libretas para hacer un seguimiento de lo deportivo y lo escolar porque es una parte muy importante en la formación de ellos. El fútbol es un deporte que sirve como escuela de vida. Les enseñamos a ser responsables porque queremos que tengan una base para poder enfrentar la vida, esa es la mayor enseñanza que les podemos dejar”, destacó.
Los chicos de Guacurarí son unos verdaderos privilegiados, ya que en los últimos dos años tuvieron la posibilidad de viajar a Barcelona y a Porto Alegre, lo que representa para ellos, más allá de la parte deportiva, una experiencia inolvidable en su infancia. 
“Participar del mundialito en Porto Alegre nos ayudó porque muchos chicos hicieron un ‘click’. Estuvieron cerca de salir campeones, pero más allá de eso sirvió para conocer otras realidades, chicos y clubes de otras partes del mundo. Participaron clubes de 27 países. Todo fue de primer nivel, el hotel cinco estrellas, los traslados, una experiencia única para estos chicos. Fue nuestra segunda gran experiencia después del viaje a Barcelona en 2018. Ese tipo de viajes les abre la cabeza a los chicos en muchos aspectos”, resaltó Cepi Núñez. 

La violencia y las presiones 
En otro tramo de la charla con el programa que se emite de lunes a viernes de 18 a 19 por la FM Radioactiva (100.7), el fundador del club Guacurarí se refirió a los hechos de violencia que a veces ocurren en las canchas relacionadas los padres de los niños. 
Al respecto, manifestó que “cuesta mucho lidiar contra la violencia porque vivimos en una sociedad muy exitista. Nosotros tratamos de explicar a los padres que apuntamos a la formación de los chicos y no priorizamos lo deportivo. Lo importante es que lo preparemos para la vida. Queremos que sean competitivos y que quieran ganar, pero con buenas armas, con lealtad”, aseguró. 
“Los padres trasladan las presiones a los chicos y les hacen un gran daño. Porque muchos llegan a la edad de 10 años y se cansan, no quieren jugar más por la presión que sienten. Cuando un niño juega un partido es ese momento y luego pasa. No se queda con el resultado y muchas veces los padres sí. Los padres son el sostén del fútbol infantil, son muy importantes porque son los que acompañan a sus hijos. Hay que enseñarles buenas cosas porque son el futuro”, finalizó. 

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