“Ese golpe y la muerte eran para mí, pero él dio la vida por su hija”

Domingo 25 de agosto de 2019 | 21:00hs.
Karen Skeppstedt tiene 25 años, es hija única por parte de madre y se desempeña trabajando en el Juzgado Laboral Uno de Eldorado. De familia trabajadora, fue educada por sus padres Olga y Mariano y en la sala de su casa se observan a simple vista muchas fotos suyas, de sus padres y tíos en distintos momentos. Una muestra de que son muy unidos.

Pero esa comunión fue golpeada, literalmente. Es que Karen jamás imaginó que la violencia sufrida en una relación amorosa culminaría con la vida de su padre. Su ex novio, Pablo Schanderl (28), lo asesinó cerca de donde trabajaba cuando éste fue a asistirla. Hoy está detenido con prisión preventiva por los delitos de homicidio simple y lesiones.

Por primera vez la joven decidió hablar con El Territorio en exclusiva y detalló en primera persona cómo el señalado homicida ejerció violencia de género contra ella, qué ocurrió el fatídico 28 de junio y cómo transcurrieron estos dos meses sin su padre.

Hoy sufre ataques de pánico y por esta razón, ella, su madre y otros integrantes de su familia están con tratamiento psicológico. Son las secuelas de una mañana trágica en pleno centro de Eldorado.

Mate en mano, Karen señaló que conoció al detenido en 2017, cuando este se comunicó por Facebook. En ese entonces Schanderl trabajaba fuera de la ciudad, pero después de varias conversaciones coincidieron y salieron con amigos. “Al principio Pablo era muy caballero y atento conmigo. Yo venía de romper una relación de cinco años y no la estaba pasando muy bien, pero él era comprensivo, cariñoso, muy bueno en ese entonces”, describió.

La pareja se fue consolidando y hasta compartían reuniones familiares. Todo iba perfecto, pero el verdadero perfil de Pablo empezaría a asomar. “Todo era muy prometedor, le creí, no sé por qué pero le creí todo”, se lamentó.

La primera señal fue en un boliche. La pareja estaba junto a una amiga de Karen y un conocido de él los vio, pero no sabía quién era su novia. Luego la amiga de la entrevistada se encontró con otro joven, con quien tenía una relación, lo que generó una confusión. “Tú novia está con otro”, le dijo su conocido a Pablo y afloró su peor costado.

“Me agarró por detrás del cuello y casi me deja sin respirar. Salimos afuera, él se va y yo me quedo con mi primo. Me quedé sorprendida. Triste”, detalló Karen. Y siguió: “Al otro día me pidió disculpas, yo lo minimicé y seguimos. Lo quería mucho, realmente no me di cuenta que lo que me hizo y sería el principio de mucha violencia más, pero no sólo física, sino mental”.

“Un mes estuvimos bien, fuimos novios, después sólo nos veíamos esporádicamente. Varias personas me decían que tenga cuidado con él, que era violento. Es un chico conocido en Eldorado y siempre algo me contaban. Golpeó a muchos hombres, yo lo defendía, le quería mucho y hoy me doy cuenta que hice mal en permitir todo sus excesos hacia mi persona. Sinceramente jamás fue mi intención”, agregó la trabajadora del Poder Judicial, rodeada de sus afectos.
Señaló que los reclamos de Schanderl eran siempre porque “él era muy inseguro”, al punto que le reclamaba por su anterior relación. Incluso buscó agredir a su ex pareja, pero la intervención de la seguridad de un local bailable lo impidió. La violencia, como indica el final de esta historia, se trasladó a su entorno y la gente de su pasado.

Además, la adicción a la marihuana del implicado también era un motivo de pelea. “Una tarde me pegó en su casa y me arrastró unos cuantos metros”, siguió. Llegó 2018 y empezaron a separarse: “Hablábamos poco, siempre terminaba los mensajes con insultos. ‘Sos un gato, una puta, gorda’, todo lo que se puede imaginar me lo decía”.

Este año, Karen empezó a relacionarse con otro joven y ambos se fueron de vacaciones. Eso, dijo, hizo que ambos reciban amenazas de parte del acusado e incluso también le escribió a una ex pareja de su nuevo novio. La violencia se ramificaba cada vez más. “La verdad que nos hizo pasar días muy malos en las vacaciones”, añadió.

A su vuelta la joven buscó hablar con él, quería ponerle fin a esas situaciones y expresarle que tenía sentimientos por la persona que estaba conociendo, pero le tocó vivir una de las peores situaciones de su vida. “Me apuntó con un arma. Yo no decía nada, no lloré, prácticamente no respiraba; no quería hacer nada para que no me mate, no reaccionaba. Me sacó afuera de su casa y cuando me deja afuera y tiró un tiro al aire. Ahí me di cuenta que el arma estaba efectivamente cargada”, recordó.
Karen volvió a su casa, se bañó y se acostó a dormir. Decidió no contar lo que había sucedido, pero sus padres lo experimentaron luego en primera persona. Como la joven cortó y bloqueó todo tipo de comunicación, Pablo fue a su casa tres días después y, pese a que ella le pidió que se vaya, la insultó e intentó agredirla nuevamente.

“Le dijo a mi papá que yo le decía que lo amaba. Sinceramente yo lo quería, pero no podía lidiar con él. Lo quería, pero para estar bien, no de esa manera violenta. Cómo podría estar con alguien que me decía gorda, puta, fea. No podía. Ese día mi familia llamó a la mamá de Pablo y le contó lo que pasó”, describió.

Al día siguiente, Karen, asesorada por sus compañeros de trabajo, realizó la denuncia, pero a pesar de que se impuso una restricción perimetral el acusado nunca la cumplió. Después hubo conversaciones esporádicas, el joven lloró diciendo que estaba arrepentido e incluso tuvieron una reunión, donde quedaron en que no volverían a ser pareja. Todo parecía estar mejor, pero a los pocos días otra vez la violencia.

En junio Karen se mudó y el acusado otra vez tomó contacto: primero se lo cuestionó y dijo que quería vivir sola para estar con otras personas, pero después le pidió para tomar unos mates. “Si le decía que no, se armaba; y si le decía que sí, también. Pensé y le acepté la invitación. Vino con su camioneta, habló de trabajo, plata, su hija. Entendió que no íbamos a estar juntos y así, después se fue y quedamos bien. Lo vi enfocado en sus cosas, parecía que veníamos bien”, recordó Karen.
Pasó una semana, Pablo volvió a traer a las conversaciones sobre sus vacaciones. Otra vez la violencia y otra vez el bloqueo. Por más que quería, Karen no pudo salir de ese círculo violento. Así, el viernes 28 de julio “vuelven los mensajes, insultado y diciendo que yo andaba con alguien de su entorno. Pero se ve que se durmió porque después paró”, recordó la entrevistada.

“La cosa se estaba poniendo fea”

Se fue a trabajar y cerca de las 9 y Pablo se puso en contacto nuevamente.“La cosa se estaba poniendo fea, seguía insinuando que estuve con su amigo, me escribió que a punta de pistola iba a llevar al ‘negrito’ a ver quién mentía. Después me dijo que iba a esperarme afuera de mi trabajo”, siguió. Los insultos, obviamente no cesaban.

“Ese día -continuó- no me puse nerviosa, si no que empecé a llorar. Le conté a mi compañera de trabajo y le escribí a la mamá de Pablo para pedirle ayuda. Le conté que su hijo me iba a esperar afuera y me dice que estaba en Posadas, a lo que repliqué que no, que había hablado con él, pero no me contestó más”.

Karen presintió lo peor, le dolía la panza y estaba muy nerviosa. Lastimosamente tenía razón: “Sentí que nada estaba bien, le pedí a una amiga que me lleve a mi casa, le avisé a mi mamá, a una amiga y a los que pude porque sentía que él me iba a matar. Si no me encontraban más era por eso”.

Salió a las 12.25 del mediodía con una amiga y ésta le propuso dar unas vueltas para ver si su ex efectivamente estaba en el lugar, algo que terminaron confirmando. “Estaba ubicado en una zona estratégica donde veía cualquier movimiento que yo pudiera hacer a la salida de mi trabajo. Lo vimos, pero él a mí no. Marina me dice ‘Dios mío está ahí afuera, está muy loco ese chico’", desarrolló.

Una tragedia anunciada

La joven fue a la casa de sus padres en el kilómetro 5 de la Capital del Trabajo, se bañó y se dispuso a sentarse en la mesa para almorzar. Había tenido una mañana muy complicada, por lo que recién en ese momento preguntó por su padre. “Mi mamá me dice que había salido a hacer unos trámites y que seguramente me iba a buscar al trabajo, porque mi ella le había contado que Pablo me estaba amenazando”, recordó. Para colmo Skeppstedt no llevó su celular.

La joven pensó que su padre iba a volver pronto al comprobar que ella ya había abandonado su trabajo, pero en ese momento recibió un mensaje. “Mi compañera me dice ‘Karen, tu ex Pablo Schanderl aparentemente le pegó a un señor acá afuera del juzgado’. Le digo a mi mamá y quedé pensando en qué hacer. Hasta ahí no sabía que ese señor golpeado era mi papá”.

Su compañera le mandó el video que después se haría viral, pero ante la crudeza de las imágenes no terminó de verlo. Al rato es otra amiga quien empieza a escribirle y preguntarle si se encontraba bien, por lo que entendió que algo estaba pasando. “Abrí el video otra vez y veo que era mi papá. Pegué unos gritos tan fuertes que vinieron mis vecinos para ver qué pasó”.

“Le pedí a mi amiga que me busque otra vez y tardó dos minutos en llegar, pero para mí fueron los minutos más eternos”, reconoció.
La joven llamó a su amiga nuevamente y pidió que le diga cómo estaba su padre y sí ya había llegado la ambulancia. La respuesta, entre llantos y pedidos de perdón, fue que ya estaba la asistencia, pero también efectivos de Criminalística de la Policía de Misiones.

“Ahí supe que mi papá ya no vivía más. Llegamos y no nos dejaron pasar, estábamos, obviamente, con crisis de nervios. En un segundo pasó toda la mañana por mi cabeza, ese día fue una pesadilla. No pudimos despedirnos de mi papá, porque fue directo a Posadas”, rememoró la entrevistada al señalar que el cuerpo de Mariano Skeppstedt fue trasladado para el examen de autopsia. Desde ese momento ella y su familia no dejan de buscar y luchar por justicia.

“Si bien mi papá lamentablemente falleció, su muerte me dio libertad, alivio. Él dio su vida por mí. Ese golpe era para mí, la muerte era para mí, pero él como todo padre me protegió, dio su vida por su hija. Desde que pasó eso yo siento que mi papá me protege, que Pablo nunca más debería salir de la cárcel. Mi papá libró a muchos de Pablo, a mí, a su ex pareja y su novio que ahora puede salir tranquilos con su camioneta sin sentirse en peligro y a muchos hombres que eran atacados por él”, reflexionó muy emocionada la joven.

Karen también tuvo tiempo de agradecer la solidaridad y empatía que tuvo la comunidad eldoradense y además señaló que está muy conforme con la investigación judicial que están llevando adelante las autoridades del Juzgado de Instrucción Dos, a cargo de la jueza Nuria Allou. “No me quiero llenar de odio, eso no le hubiera gustado a mi padre, lo que quiero es que se haga justicia, nada más”, sentenció.


La sonrisa y las lágrimas

Al recordar cómo era su papá a Karen se le dibujó la primer sonrisa de la entrevista e inmediatamente brotaron lágrimas de sus ojos. “Mi papá era respetuoso y alegre. Era súper protector, priorizaba la familia, nos amaba, era bueno. Cómo no recordarlo así, a veces me enojo y digo ‘por qué fuiste ese día y me defendiste’, pero después le agradezco porque gracias a él yo salgo tranquila a la calle. Gracias a él muchos estamos mejor”.

Y las lágrimas siguieron: “Me dio tanta bronca que no se pudo defender, vino una persona que tan cobardemente atacó a mi papá que tenía 65 años. Se llevó la vida de mi papá que no le hacía mal a nadie. Él me escuchaba, no me veía bien. Esa mañana Pablo me dijo ‘te espera una maldad’, ¡y que maldad mirá! Advirtió eso y lo realizó, ese día alguien iba a morir y yo no hubiese resistido ni el primer golpe. Mi papa me salvó”.

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