El protector que hizo su casa en el Paraná

Domingo 23 de febrero de 2020 | 02:00hs.
Por Silvia Godoy

Por Silvia Godoy sociedad@elterritorio.com.ar

La comunidad laosiana en Misiones, la segunda más numerosa del país detrás de Buenos Aires, inauguró en la tarde del viernes la estatua del Buda más grande de América, emplazada en la colonia sobre ruta 12 frente a Itaembé Guazú. 
La ceremonia contó con la presencia de monjes budistas de la más alta jerarquía y también, de referentes históricos de la colectividad que arribó a Misiones el 19 de febrero de 1980.
El acto en el que se recordó la llegada de 16 familias de refugiados hace 40 años, constó de la bendición de la estatua, procesión a su alrededor y el mensaje de los líderes religiosos, también muestras de danzas tradicionales y el reconocimiento al trabajo solidario de quienes hicieron posible la gigante estructura de 14 metros de alto por 9 de base. La materialización del proyecto de la escultura en honor del Buda Prha Witeth Marasin Munin Loganath se logró con esfuerzo colaborativo y voluntario.

Ofrenda 
“Es un regalo para la gente que nos recibió en su tierra y nos dejó vivir en paz acá. Es para todos los misioneros y los argentinos y también para que no se pierdan nuestras raíces ni nuestra religión”, dijeron los ancianos y recordaron el soleado día en que descendieron de un avión en el aeropuerto posadeño. 
Entonces fueron trasladados al predio de la Expoferia municipal lindera al balneario El Brete. No entendían el idioma, no conocían a nadie, no traían casi nada consigo.  
Los mayores, que en ese momento eran jóvenes con sus hijos en brazos, hoy tienen nietos y bisnietos argentinos y procuran cuidar sus costumbres para legarlas a las nuevas generaciones.
“Si hay algo que nos ayudó al llegar a Misiones, es que es una tierra muy parecida a Laos. Con vegetación, rodeada de río, con muchos animales, se dio una conexión con el Paraná. Nosotros tenemos la protección del Naga, que es un ser que vive en el agua, y estamos convencidos que vino con nosotros y se quedó a vivir en el río desde donde nos cuidó y nos cuida siempre”, explicaron.
Por ello, los nagas -dioses protectores con cuerpo de serpiente y cabeza humana- están a los pies de la escultura del Buda y descansan sobre un loto, flor sagrada.
El venerable monje Bouakeo Sengsouriya, máxima autoridad del Budismo en América, dio un discurso en laosiano que fue traducido para todos los presentes. “Es importante y es una muestra de fe y esperanza tener la imagen del Buda. Para hacerla posible el pueblo se unió más y quedará para las futuras generaciones. Es un testimonio de amor y de la fuerza de la voluntad”. 
Otro de los oradores que concitó fuertes aplausos fue Roberto Peralta de la Fundación Católica de Migraciones con sede central en Buenos Aires. 
Peralta fue parte del equipo que recibió a los migrantes del Sudeste Asiático hace 40 años en su ingreso a la Argentina. Y destacó que más allá de las razones que haya tenido el gobierno de la dictadura para recibir a los refugiados y del incumplimiento de su parte en la asistencia a las familias, “están las personas, están estas familias que vieron en esta tierra una esperanza para comenzar de nuevo”. Y describió que en el marco del Programa de Refugio, “llegaron a Buenos Aires 293 familias, traían un sólo equipaje por familia, era una bolsa que les repartieron y que era igual para todos. Era gente que llegó expulsada de su patria por una guerra en la que no tenían nada que ver. Y vinieron al otro extremo del planeta. No conocían el idioma, tenían otras costumbres, otros principios. Para nosotros también era difícil, no nos entendíamos, sus nombres eran impronunciables para nosotros. Era una época en que no había internet, no había tanta información. Sólo el tiempo hizo posible la construcción de unos lazos de fraternidad entre los pueblos. Hoy esa gente que llegó sin nada nos regala esta estatua inmensa, nos regala sus tradiciones y su presencia, nos regala su amor por esta tierra que se convirtió en su hogar”.    
Acerca de la amistad forjada entre Peralta y las familias laosianas, Somboon Hemsouvaeh, presidenta de la Asociación Templo Lao, expresó a El Territorio, “yo tenía siete años cuando llegamos a Misiones, estuvimos un tiempo en Buenos Aires, yo recuerdo que para los mayores la persona en quien confiaban era él. Si había un problema, una situación sólo decían Peralta. Él conoce a todos los mayores y hoy vino de visita y estamos felices por eso”.
La festividad por los 40 años de presencia laosiana en la provincia finalizó anoche, fueron cuatro jornadas emotivas, comunitarias y espirituales.
La colonia laosiana, que tiene en su portal el templo lao y un gran espacio verde, ahora cuenta con el Buda que será un centro espiritual para los budistas de la región y del mundo. Más allá están las casas y luego, las tierras de cultivo y cría de animales. La barriada está siempre abierta a recibir a quienes quieran conocer la historia de un pueblo recto y sufrido que se reconstruyó a orillas del Paraná. 

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