Bolsonaro cada vez más solo

Martes 7 de abril de 2020 | 16:42hs.
Bolsonaro y Mandetta juntos en una conferencia de prensa
Roberto Maack

Por Roberto Maack rmaack@elterritorio.com.ar

El presidente Jair Bolsonaro jugó este lunes su carta más fuerte. Y perdió. Intentó echar al ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta, un prestigioso pediatra que se puso al frente de la lucha contra el avance del coronavirus a pesar del propio Bolsonaro, y no pudo.

Brasil atraviesa dos crisis simultáneamente, de política institucional y de salud pública (hay más de 550 muertos por Covid-19) que por donde se lo mire tiene el mismo origen: el avance de la pandemia mundial que acumula víctimas día a día, y por otro lado, la impericia manifiesta de Bolsonaro que lo ha marginado a tal punto del poder, que prácticamente, ya no gobierna.

Pero esto es un poco más complejo. Amerita un poco de contexto. Jair Messias Bolsonaro, militar retirado, asumió el 1 de enero de 2019. Es importante recordar la fecha, porque sus desaciertos empezaron desde el primer día (su pelea abierta con la prensa, casos de corrupción, el asesinato por encargo de una concejal crítica que se le endilga a su entorno, paramilitares, los desmanejos de sus hijos, y claro, su ambivalencia diplomática, entre otros) y porque lleva apenas año y tres meses en el poder.

Pero su error más grande llegaría de la mano de pandemia mundial. En el país vecino dicen que a Bolsonaro le gusta espejarse en Donald Trump. Todo lo que hace el presidente estadounidense, él lo replica de este lado del mundo. Así fue como en coincidencia con Trump minimizó el drama del Covid-19. “Es una gripecita que va a pasar”, dijo. Trump se desdijo a los pocos días y se llamó a silencio. Bolsonaro no, es más redobló la apuesta. Cuando los especialistas y algunos gobernadores recomendaron el aislamiento social, el presidente convocó a salir a las calles en plena pandemia (la consecuencia de esto llegará en los próximos días, cuando se empiecen a acumular muertos).

En medio de estas idas y vueltas surgió el ministro de Salud Pública Luiz Mandetta que dijo que el país debía entrar en cuarentena, como lo estaba haciendo todo el mundo, y en contra de lo que pregonaba su propio presidente.

¿Cómo se entiende que un ministro siga en su cargo enfrentado a su propio presidente? ¿Bolsonaro ya no manda? ¿Mendetta tiene más poder que él?

Algo parecido. El equilibrio del poder se corrió, y no para el lado de Jair, precisamente.

Pasaron cosas…

La semana pasada se empezó a hablar de “golpe blando” en Brasil, que traducido sería que le quitaron el poder al Presidente. Pero al margen de las especulaciones, que son muchas, qué es lo que pasó en realidad.

Para entender esto es necesario introducir otro nombre, el de otro general: Walter Souza Braga Netto. Se sabe que Bolsonaro llega al poder en una alianza fuerte con los militares. De hecho su vice es un militar retirado como también tiene a uniformados en otros puestos claves del gobierno.

A principio de mes, y ya con la lista de cadáveres por coronavirus subiendo en todas las listas, fue designado jefe de la Casa Civil, lo que acá es la Jefatura de Gabinete, el general Braga Netto, un militar de carrera que fue agregado militar en Estados Unidos y coordinó la organización de los Juegos Olímpicos en el gobierno de Dilma Rousseff y luego siguió en el gobierno de Michel Temer.

En los medios brasileños hay coincidencia en que fue puesto por el alto mando militar para gobernar mientras dure la crisis, como “presidente operacional”. Tendrá a su cargo la dirección y la centralización de toda la gestión del gobierno al menos mientras dure la crisis y donde, claro, el ministro de Salud juega el papel más importante y por lo tanto es intocable.

Defensa.net un medio que se le atribuye a los militares, informó que la asunción de Braga Netto fue producto de un acuerdo principal, que involucró a ministros y comandantes militares y al propio Presidente de la República y que para muchos, la ‘misión’ de Braga Neto no es más que una intervención o una junta militar que coordina el gobierno. Esto significa que si Bolsonaro está en desacuerdo podrá expresarse en contra de las decisiones, pero el general Braga Neto podrá corregirlo abiertamente, según explica la web militar.

El apoyo de la política


La confirmación del lado de la política llegó de otra manera, con el apoyo abierto y públicamente a la tarea que desarrolla el ministro Mandetta o a su política de lucha contra la pandemia.

Los primeros fueron, a fines de marzo, los gobernadores de la región más rica de Brasil: São Paulo, Río de Janeiro, Minas Gerais y Espíritu Santo que aseguraron que preferían seguir las pautas de la Organización Mundial de la Salud (como Mandetta) en contra lo que sostenía Bolsonaro. Entonces el gobernador de San Pablo Joao Doria dijo en una especie de cadena nacional: “Presidente, como brasileño y gobernador le pido que tenga serenidad, calma y equilibrio. Más que nunca, necesita conducir y liderar el país”. Jair le contestó que lo esperaba para las elecciones del 2022.

De a uno, a medida que la pandemia hacía pie en el vecino país, los demás gobernadores fueron tomando distancia de Brasilia.

Después le siguieron los representantes del poder legislativo. El prestigioso diario Folha de Sao Pablo publicó este fin de semana que los presidentes del Senado, Davi Alcolumbre, y de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, rechazaron reunirse con Bolsonaro el viernes 3 y decidieron coordinar el plan antivirus (con las leyes que haga falta) con el ministro Mandetta.

En consonancia, pero con formas más delicadas acorde a su rol institucional, el presidente de la Corte Suprema de Justicia Días Toffoli destacó la necesidad del aislamiento social para enfrentar la enfermedad.

Los últimos en expresarse a favor de Mandetta, y probablemente fue el golpe más duro que recibió Jair, fueron los superministros de Economía Paulo Guedes y el de Justicia Sergio Moro, que hicieron campaña junto a Bolsonaro en 2018.

Jair juega (mal) sus cartas

La pregunta que subyacía hasta el lunes a la mañana en los círculos influyentes del país vecino era si el Presidente iba a someterse a esta pérdida de poder o como lo dijo más claro un dirigente del Partido de los Trabajadores (la fuerza política de Lula) si “Bolsonaro va a permitir ser un títere”.

Jair dio señales de qué haría el sábado cuando participó de una reunión con dirigentes cristianos evangélicos, uno de sus aliados en el frente electoral que lo llevó al poder. Allí después de la oración dijo que algunos de sus ministros tenían el pecado de la vanidad.

Ayer lunes a la mañana decidió actuar en consecuencia. Haciendo honor a su segundo nombre (Messías) decidió acabar con el pecado en su gobierno y le pidió la renuncia a su ministro de Salud. Tuvo la inteligencia de no hacerlo públicamente. Por lo que vendría antes de terminar el día.

Lo que se desató después fue un cruce frenético de reuniones y movidas en el poder musicalizado por una masiva convocatoria a cacerolazos con la consigna Fica Mandetta (Mandetta se queda) con el claro objetivo de evitar la salida del ministro.

El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, llamó a la Secretaría de la Presidencia y comunicó que si echaban al ministro, se haría imposible la relación con el Poder Legislativo. En igual sentido, pero con distintas palabras, se expresaron la justicia y los otros ministros del Gabinete.

A la tarde, el vicepresidente Hamilton Mourao fue el primero en avisar al país que Mandetta seguiría en su puesto, llevando alivio a la sociedad y a la política.

“Esperamos tener paz para poder conducir. Sólo espero que este equipo pueda trabajar. Vamos a continuar, porque continuamos enfrentando al enemigo que es el Covid-19. El médico no abandona al paciente”, aseguró Mandetta al final del día.

Jair Bolsonaro había jugado su carta más fuerte para demostrar que conservaba el poder  y la había dilapidado

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