Acusan de violento asalto a policía preso por el robo de motocicletas

Lunes 1 de junio de 2020 | 06:00hs.
El policía y su sobrino fueron detenidos el miércoles. | Foto: Policía de Misiones
Carlos Cardozo

Por Carlos Cardozofojacero@elterritorio.com.ar

“Tiene causas en todos los juzgados”, fueron las palabras de un vocero judicial al referirse a Claudio B. (31), un sargento de la Policía de Misiones acusado de robar, vender y reducir motocicletas junto a su sobrino, identificado como Alan E. (21). Pero en las últimas horas se sumó, tal vez, la acusación más grande.

Según manifestaron a El Territorio fuentes policiales ligadas a la investigación, mediante una ampliación de denuncia los relacionaron con un asalto ocurrido en una vivienda del barrio Itaembé Miní el 12 de marzo de este año, cuando aún no había empezado la cuarentena. El hecho es investigado por el juez Ricardo Balor, titular del Juzgado de Instrucción Dos.

Se detalló que en la presentación una mujer de 40 años identificada como Cristina dijo que ese día se encontraba en su casa junto a su hija, un hermano y un vecino cuando, cerca de las 18, se detuvo un Peugeot 308 blanco -como el vehículo del sargento- con patente del Mercosur. Del vehículo bajaron cuatro hombres armados e irrumpieron en la vivienda muy violentamente.

Los intrusos portaban armas de fuego, tenían la cara descubierta y estaban vestidos de civil, pero se identificaron como efectivos de “la Brigada”, exhibieron placas de la fuerza y sus esposas. “Quédense quietos, todos adentro”, “al piso, al piso, quédense quietos o si no les pego un tiro, que nadie levante la cabeza”, gritaron apuntando.

Una vez adentro ataron al hermano de la dueña de casa y empezaron a pegarle solicitando “dónde está la plata”. Las víctimas entregaron los celulares, otras cosas de valor y el dinero que había en la vivienda -no se consignó el monto- y los asaltantes huyeron del lugar.

Según se detalló, la damnificada amplió la denuncia en los últimos días y manifestó que al enterarse por los medios de la detención del efectivo policial y su sobrino y, dado el hecho de que el hombre se movilizaba en un auto similar al que usaron los delincuentes, dedujo que no se trataba de una coincidencia.

Buscaron los nombres de los detenidos en las redes sociales y mediante las imágenes de sus perfiles los reconocieron como sus asaltantes. Resta definir aún quienes son los otros dos implicados.

Con todos estos elementos, el juez Ricardo Balor ordenó que se les notifique la instrucción de la causa robo calificado por el uso de arma de fuego, en poblado y banda.

Esta causa, la más grave por la que se le acusa al policía, se sumó a la investigación que instruye el Juzgado de Instrucción Uno a cargo del juez Marcelo Cardozo -por la cual lo detuvieron inicialmente- y una por hurto de motocicleta que está siendo llevada adelante por el juez Fernando Verón, del Juzgado de Instrucción Tres.

Indagatoria y detención

Ambos detenidos serán trasladados en la jornada de hoy ante el magistrado Cardozo para completar la audiencia indagatoria. Tal y como informó este medio en la víspera, estaba pactada para el último sábado, pero se postergó por el pedido de la defensa del funcionario público.

El letrado pidió analizar una prueba -serían registros de una cámara de seguridad- antes de que su pupilo se siente frente a las acusaciones.
Los implicados fueron atrapados el miércoles, como resultado de una investigación de la División Brigada de Investigaciones de la misma UR X en la cual trabajaba el sospechoso. Las aprehensiones fueron concretadas mediante una serie de allanamientos en los barrios 90 Viviendas Nosiglia y Belén, donde residen los involucrados.

Se secuestraron entre otros elementos de interés el mencionado automóvil, un arma de fuego, municiones y unos 70.000 pesos aproximadamente, que sería parte de lo obtenido mediante las maniobras ilegales que el sargento y su sobrino, junto a otros cómplices no identificados, habrían estado llevando adelante.
También se secuestraron dos motos robadas.


El modus operandi del dúo

A partir del entrecruzamiento de varias denuncias, investigadores lograron establecer que el uniformado se valía de su trabajo para llevar adelante varias maniobras delictivas. Para todo ello, su sobrino era su mano de obra en la calle, aunque se cree que contaba con varios cómplices más.

La pesquisa detectó al menos dos maniobras claras. Una de ellas se basaba en el hurto de motocicletas y la venta de los rodados a bajo costo por parte del sobrino, que luego le pasaba todos los datos de su comparador a su tío policía.

En esa instancia el uniformado llegaba hasta la vivienda del comprador de la moto robada, en donde realizaba un falso procedimiento con incautación del rodado. No había denuncia ni orden judicial y la motocicleta nunca llegaba al corralón.

Después, esos mismos rodados eran vueltos a comercializar o desguazados para la venta como autopartes y la maniobra estaba tan aceitada que con una misma motocicleta se podrían hacer tres o cuatro negocios.

Otro ardid consistía en que delincuentes presuntamente afines o con nexos al uniformado sustraían motocicletas que estaban incautadas en corralones de la Policía y luego de ello el efectivo utilizaba la base de datos de la fuerza para identificar a los damnificados o propietarios de esos rodados sustraídos.

El paso siguiente era contactar a los denunciantes e iniciar una especie de negociación, en el cual ofrecía información respecto de dónde podían recuperar los vehículos. A cambio de esos datos, se estima que el uniformado solicitaba el pago de “comisiones” que rondaban entre los 10.000 y los 30.000 pesos, monto que dependía del tipo y modelo de motocicleta involucrada en la fraudulenta negociación.

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