Relatos sobre el Pombero

Sábado 20 de julio de 2019
Señor director del diario El Territorio: Me es muy grato volver a saludar a su prestigioso Diario y a sus colaboradores, pues me satisface escribir como lo hacía en la década de los 60 y 70 del siglo pasado, como corresponsal de Dos de Mayo, Caraguatay y finalmente de San Vicente.
    En la edición del día domingo 7 del corriente mes, en página 14, el escrito se explaya sobre un personaje mitológico y también nombra a otro: el Pombero y el Yasy Yateré.
    Quiero ampliar la trayectoria del personaje del Pombero en nuestra provincia, relatando su participación con sus adherentes, porque más lo nombran.
    En cuanto al Pombero tengo datos fidedignos todos coincidentes expuestos en distintas épocas y relatos. Corría el año 1953 y por razones familiares, me tocó trabajar en un obraje en Dos de Mayo, y al poco tiempo se nos incorporó al equipo un hombre experto en el monte, procedente de la zona de San Pedro. En las reuniones de fogón de las noches, contó esa persona que en la región de San Pedro había una persona que acarreaba rollos de maderas con carro, tirado por una pequeña yunta de bueyes. Pero los espectadores no podían entender cómo con dos bueyes tan chiquitos podía sacar del monte y traer rollos de hasta 4.500 kilos. Un día lo apretaron, para que cuente lo que era un misterio colectivo. Y su respuesta fue: “El Pombero me ayuda” a traer los rollos grandes. También durante mi vida recogí las normas fidedignas de quienes son amigos del Pombero a cambio de caña y tabaco en cuerda, llevadas ambos al monte. Este personaje mitológico, a su amigo lo ayuda en el trabajo; tal es así que duplica el trabajo o rendimiento de la carpida de un día o cualquier otra tarea que haga en su medio.
       Había cazadores en la época permitida (de caza) que siendo amigos del Pombero regresaban del monte con la presa pedida al Pombero. Todas esas presas son a cambio de caña y tabaco en cuerda.
       Posiblemente no sea ajeno el Pombero cuando se lee en los medios de niños que misteriosamente se extravían en el monte. Hay quienes de estos hechos lo acusan a este personaje y dicen: “A él le gusta jugar con los niños y los lleva a la espesura”.
       Agrego un relato más de un amigo que no me mintió. Estando el en la zona de Itacaruaré, en verano con su familia, se puso a reposar en un arroyo. Siendo las 14 horas, de pronto ve que avanza en su dirección un niño como de 4 años, de piel negra y desnudo. Fue tal la impresión que le causó esa visión que dijo para sí: “Yo voy a agarrar ese gurisito”. Relata que el negrito había pasado por el agua y estaba parado sobre un promontorio seco. Cuando mi amigo amagó para su encuentro, el niño desapareció, pero quedó en el promontorio la marca mojada de los dos pies del niño.
       Hasta acá los relatos y testimonios del Pombero conocidos por mí. Próximamente les contaré en primera persona sobre el Yasy Yateré, frente a frente.

Alfredo E. Halberstadt 
San Vicente

Para los jóvenes pobres, el cuartel

Casi nueve años después, con el impulso de la ministra Patricia Bullrich y del ministro Alejandro Finocchiaro, reaparece una propuesta que finge preocuparse por la situación de los jóvenes vulnerados por el propio modelo de exclusión que lidera Mauricio Macri. En efecto, en el mes de septiembre de 2010, el Senado dio media sanción a un proyecto denominado Servicio Cívico Voluntario. La propuesta, apoyada por la oposición de entonces y el pleno respaldo del vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, estaba dirigida a jóvenes de entre 14 y 24 años que no estudiaban ni trabajaban, a quienes se les “proporcionaría cursos de formación teórico-práctica en temas de defensa civil y capacitación técnica de oficios”. El entrenamiento “se desarrollaría en instalaciones de las Fuerzas Armadas”, recibiendo los alumnos “alimentación y vestimenta”, además de “alojamiento en la unidad que se afectara al Servicio”. Se puntualizaba expresamente que los participantes “deberían respetar los reglamentos de las Fuerzas Armadas, referidos a normas de convivencia”. El primer objetivo era “otorgar espacios de contención a jóvenes en situación de riesgo”.
¿Por qué a los mentores de aquella iniciativa, pensar en “espacios de contención” para adolescentes y jóvenes en “situación de riesgo” (en condiciones de pobreza y desprotección, habría que precisar) los llevaba a pensar en los cuarteles? ¿Desde cuándo los cuarteles son espacios de contención? O habría que preguntarse ¿a qué contención se refería la norma o en qué pensaron sus autores? ¿Acaso en una suerte de intento de revitalización directa o subliminal del felizmente fenecido Servicio Militar Obligatorio? Hasta el propio Ejército rechazó aquel proyecto, que luego no llegó a prosperar en la Cámara de Diputados.
¿Cuánto de control, de disciplinamiento, de vigilancia, de reforzamiento de la desigualdad, de discriminación, de estigmatización hacia los jóvenes pobres contienen estas aparentemente beatíficas propuestas?
El neoliberalismo empuja y condena a millones de jóvenes a la marginalidad y a la exclusión, y luego aparecen algunos presuntos redentores  que proponen “recuperarlos” y “reinsertarlos” a través del confinamiento en los cuarteles militares.  La democracia debe garantizar -y tiene que estar en condiciones de hacerlo- que las políticas públicas dirigidas a los sectores vulnerados y vulnerables se canalicen a través de las instituciones oficiales y comunitarias pertinentes del campo de lo social, evitando el enmascaramiento de pretendidas “medidas de seguridad“, como si se trataran de políticas sociales inclusivas. Y sobre todo, se debería garantizar que las instituciones en las que los jóvenes universalmente se forman y educan sean las que los incluyan y contengan.
Una vez más se intenta, por medio de este proyecto de claro tinte macrista, cristalizar la existencia de sociedades duales, convalidar la diferenciación social y vigilar y controlar a los pobres, en vez de apuntar a trabajar sobre las causas más profundas de la pobreza.
En suma, para los jóvenes pobres el disciplinamiento cuartelario, y para los jóvenes pudientes,  los colegios y las universidades privadas

Norberto Alayón 
Trabajador Social. Profesor Consulto de la UBA

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