Concepción, según la memoria de un inglés

Viernes 19 de julio de 2019
Por Alfredo Poenitz

Por Alfredo Poenitz Historiador

orge Machón, un incansable recolector de documentos interesantes y desconocidos de la historia misionera, sorprendió en un Encuentro Regional de Geohistoria en                                                                        2002 con una descripción de nuestra provincia en los momentos iniciales de su nacionalización, hecha por un viajero inglés, Ernest William White, hasta entonces inédito en las fuentes locales.
Ernest White era miembro de la Sociedad Zoológica Inglesa (Fellow Zoological Society), creada en 1826, cuyo propósito era recolectar animales a lo largo del mundo para su estudio. Esta sociedad poseía además un museo y una importante biblioteca. Como miembro de esta institución, White visitó entre 1881 y 1882 vastas regiones de nuestro país. En el prólogo de sus Memorias tituladas La experiencia de un joven naturalista en la República Argentina, dice White que su propósito era mostrar a la Argentina “tal cual es, pues los conocimientos que se tienen de este país en Inglaterra son absurdos o prejuiciosos”. Esta obra, de dos tomos, escrita en inglés, es muy completa en datos geográficos, botánicos, zoológicos, enfermedades, historias, costumbres, etcétera, de un largo raid que comprendió las provincias de Santa Fe, Córdoba, San Luis, Mendoza y San Juan en su primer tomo, y Misiones, Corrientes y Entre Ríos en su segundo tomo. Navegando el río Uruguay, río arriba, el primer puerto que visitó fue el de San Borja, cruzando luego a Santo Tomé, al que describe como un pueblo, “disperso, con casas de adobe, de las cuales acaso media docena están dotadas de lo que se llama confort”. 
Su viaje fluvial continuó hacia el norte, llegando a San Javier, donde comienza a observar las señales asombrosas de la colonización jesuítica, como “una inmensa pared de piedra, que tendrá al menos dos leguas de largo… o numerosos puentes sobre los arroyos que recorren las Misiones”.
Después de un par de días en San Javier, inicia su recorrido hacia el pueblo de Concepción, donde “el funcionario de costumbre” le brinda hospitalidad.  Indica White que el pueblo posee unas 40 casas “que no reflejan la grandeza que tuvieran bajo los jesuitas”. Las ruinas de la reducción jesuítica se extienden por unas 50 hectáreas, según narra el viajero inglés, cubiertas totalmente con árboles de todo tipo, incluso vastos naranjales llenos de frutas. Asombrado por lo que veía, se lamentaba, al mismo tiempo, que esas ruinas se hallaban mermadas porque los lugareños usaban las piedras para sus construcciones, empezando por el mal ejemplo del Comandante Militar, quien había hecho su residencia en la plaza utilizando las mejores piedras, especialmente las mejor talladas. Agrega en ese párrafo, con enorme ironía, que, “en los lugares apartados de la república, las autoridades locales, especialmente las militares, hacen lo que se les ocurre”. Cabe aclarar que esta costumbre de usar las piedras de los viejos pueblos jesuíticos fue común en todos los lugares donde sobre esas ruinas se levantaron pueblos (Santo Tomé, Apóstoles, La Cruz, Yapeyú, San Carlos, Santa Ana, etcétera. Aún pueden verse en los fundamentos de grandes casas los enormes sillares de piedra tacurú revocados con cal y pintados).
Continuando con la descripción de Concepción, señala que, “alrededor de la plaza principal hay como un vasto monasterio para los sacerdotes, con restos de un amplio pórtico de piedras espléndidamente talladas”. Ese espacio estaba rodeado por una doble muralla con formidables portales. En el suelo, señalaba White, se encontraban dispersos restos de piedras hermosamente esculpidas.
Lo más llamativo de la descripción es lo que se refiere a la iglesia, construida por el arquitecto lombardo José Brasanelli, según Darko Sustersic. Relata White que la “interesante y sorprendente” iglesia permanecía ocupando uno de los lados de la plaza. Conservaba una imponente apariencia, con una magnífica escalera de 50 escalones a lo largo de unos 50 metros. Tres naves conducían al recinto, “la central y principal rodeada de una masa de piedra tallada, y a cada lado de la doble jamba de piedra permanecían un par de imágenes en sus nichos, cuatro figuras completas intactas en su forma normal, con sus brillantes colores originales. La iglesia es muy grande, según describe el viajero inglés, contando detrás, en la sacristía, con numerosos cuartos y celdas de varias medidas. En el frente se hallaba, en ruinas, un enorme campanario. Y a su lado, una soberbia fuente, “hermosamente tallada”.
Este relato es muy interesante para el estudio de la Iglesia de Concepción, que, como lo narra White, se hallaba en pie. Según ha estudiado el historiador del arte Sustersic, el frente de esta iglesia poseía hornacinas con las imágenes de piedra que hoy se hallan dispersas, algunas en Luján, otras en Apóstoles, una en la misma Concepción y algunas que aún están desaparecidas. 
Muy poco tiempo después de la visita de White, en 1888, llegó a Concepción un tal De Bourgoing, enviado por el perito Moreno, fundador del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de La Plata, con el fin de seleccionar y trasladar a ese repositorio los más hermosos restos que se conservaran. Fue el fin del saqueo. Previo a ello, un militar correntino, Berón de Astrada, seguramente pariente del caudillo antirrosista Genaro Berón de Astrada, se había encargado de enlazar las imágenes del frente del templo derribándolas, por considerarlas “supersticiosas” para los habitantes del lugar. 
Ante estos hechos, cobra valor esta magnífica descripción de White para demostrar que, a pesar de los años, las circunstancias políticas y bélicas, y hasta el abandono de estos lugares por largo tiempo, los restos de la importante misión jesuítica de Concepción se hallaban, al inicio del Territorio Nacional de Misiones, en interesante estado general.

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